Carlos Alberto Crespo Carrillo
Paz para los animales: ellos también son víctimas
Introducción
Han pasado casi 10 años desde la firma entre el Gobierno Colombiano y la guerrilla de las FARC, del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera (ATCCP, 2016), poniendo fin a una guerra interna de más de 50 años.
Las negociaciones tuvieron durante 4 años su fase final en La Habana (Cuba). En ese marco, el animalismo emitió dos comunicados dirigidos y entregados a las partes negociadoras, Movimiento Animalista Colombiano (2012) y Movimiento Animalista Colombiano (2016), con el objetivo de solicitar la inclusión de las problemáticas animales en medio del conflicto y de su situación en el posconflicto, buscando que estas solicitudes fueran parte de los temas a discutir en las negociaciones dando soluciones en el documento final.
Los comunicados no fueron tomados en cuenta por el equipo negociador, y contrario a lo anterior, la única mención a los animales en el documento del Acuerdo final es completamente especista:
.. Establecimiento de huertas caseras y entrega de especies menores con su debido acompañamiento técnico, provisión de insumos y alimento para los animales, de acuerdo con la preferencia de cada núcleo familiar (p. 102).
El anterior apartado fue incluido como parte del acápite 4 (Solución al Problema de las Drogas Ilícitas), en la descripción y componentes del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito y como parte del Plan de atención inmediata y desarrollo de proyectos productivos, con el objetivo de facilitar el tránsito de personas cultivadoras, recolectoras y amedieras hacia economías legales, a través de medidas de apoyo para la garantía del sustento y la seguridad alimentaria.
En un actual escenario de postconflicto y de implementación de los acuerdos, de apertura a nuevos espacios de negociación con antiguos y nuevos actores armados ilegales y en un estado de guerra y violencia interna que sigue afectando a Colombia, las demandas realizadas en los comunicados animalistas cuentan con plena vigencia y relevancia, haciendo necesario retomarlos.
Argumentos y fundamentos del animalismo en sus comunicaciones a la mesa de negociaciones de paz (2012 y 2016)
Los siguientes son los fundamentos consolidados de los comunicados animalistas:
La Paz Integral: Un Modelo sin Especismo. La construcción de una paz verdadera en Colombia debe ser incluyente y superar los modelos sociales y económicos que históricamente han marginado a diversos actores. Bajo esta premisa, asumiendo un enfoque no especista, no puede existir una paz completa mientras persista la esclavitud y el sometimiento de cualquier ser sintiente.
Los Animales como Víctimas del Conflicto. Se identifica a los animales como «actores no voluntarios» y víctimas directas de la violencia sistemática de la guerra que ha padecido el país, manifestando su impacto en:
- Uso bélico: Utilizados como armas, recursos de los ejércitos o instrumentos en operativos militares y policivos.
- Víctimas de sevicia: Todos los actores del conflicto han cometido actos de tortura y crueldad contra ellos.
- Industria militar: Sometidos a pruebas de armamento y utilizados como detectores de minas.
- Víctimas colaterales: Pérdida de sus vidas y destrucción de los ecosistemas que habitan a causa de la dinámica de la guerra.
Fundamentos Científicos y Jurídicos. La exigencia de inclusión a los animales se apoyó en dos pilares fundamentales:
- Conexión entre violencias: Citaron estudios que demuestran que la violencia es una sola y que el maltrato hacia los animales está estrechamente relacionado con comportamientos violentos entre humanos.
- Evolución legal: Destacaron avances de la jurisprudencia colombiana que respaldan la inclusión.
De la victimización en la guerra a la construcción de territorios de paz no especistas
La construcción de la paz en Colombia ha sido, históricamente, un diálogo de humanos para humanos. Sin embargo, al contrastar las visiones de Hurtado (2023) y Crespo (2016a y 2016b), surge una verdad que la historia oficial ha preferido ignorar: las consecuencias del conflicto no se detuvieron en las fronteras de nuestra especie. Aunque ambos autores parten de orillas distintas —uno desde la rigurosidad del Derecho Internacional Humanitario y el otro desde una profunda ética territorial y biográfica—, sus voces comparten una base ética antiespecista que articula sus propuestas y convergen en un reclamo urgente por una justicia que no discrimine por especie.
Para Hurtado, el camino hacia la reconciliación exige, ante todo, un ejercicio de verdad. Su análisis confronta con la crudeza de una guerra que convirtió a los animales en herramientas de terror: desde la instrumentalización de mulas y caballos «reclutados» forzosamente dentro de la logística de guerra, hasta la atrocidad de los «animales bomba». Al proponer que el artículo 3 de los Convenios de Ginebra para proteger a los animales de tratos crueles, mutilaciones y toma de rehenes, no solo busca una reforma legal; busca que el Estado y la sociedad reconozcan que el sufrimiento animal no es ni ha sido un daño colateral, sino una violación sistemática a seres que, aunque no empuñaron armas, compartieron el horror de las trincheras.
Por su parte, Crespo expande esta reflexión hacia el horizonte del posconflicto, recordando que la paz no es simplemente el silencio de los fusiles, sino la transformación de nuestras relaciones más íntimas con la vida. Desde su análisis de la guerra, advierte que el fin del conflicto armado puede ser, paradójicamente, el inicio de una nueva amenaza para los animales: el avance de un modelo extractivista que los ve como simples «recursos» y no como habitantes soberanos de su hogar. Su propuesta de «Territorios de Paz» —territorios despejados (exclusivos y soberanos para animales silvestres) y de convivencia interespecie (entre humanos y animales domésticos)— es un acto de reparación ética que va más allá de la ley: es el reconocimiento de que la libertad de un pueblo no es auténtica si se cimienta sobre la esclavitud de otras especies.
En estos autores no hay contradicción, sino complemento. Mientras Hurtado define el «qué» —la necesidad de documentar la infamia y proteger jurídicamente a las víctimas animales—, Crespo entrega el «cómo» —un modelo de país donde la reincorporación de los combatientes y el desarrollo de las regiones no impliquen la explotación de los seres sintientes—. Ambos coinciden en que la «paz verdadera e integral» es incompleta y utópica si se mantiene el prejuicio especista, esto es, si la comunidad moral humana sigue trazando una línea arbitraria entre quienes considera merecedores de atribución y garantía de derechos, así como válidos para la aplicación de justicia, y a quienes les ha impuesto el rol de sujetos para la dominación y explotación, o que son dejados en el olvido de las fosas comunes de la historia.
Daños invisibles. La violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia
Desde un enfoque institucional con perspectiva étnica, el informe de la UIA – JEP (2026), visibiliza la violencia contra los animales en el marco del conflicto armado. Aporta fuerza de prueba judicial y estadística oficial, validando las denuncias que el activismo venía haciendo años atrás, documentando no solo daños esporádicos, sino demostrando que el maltrato animal es una práctica generalizada y sistemática dentro de los marcos operativos de los grupos armados estatales y no estatales.
El informe identifica nueve formas de utilización de animales en los conflictos armados: 1. Animales como medio de transporte, 2. como medio de detonación de artefactos explosivos, 3. como instrumento para ocasionar dolor o sufrimiento (tortura), 4. como centinela, 5. como medios de vigilancia, 6. en prácticas de bioterrorismo (zoonosis), 7. como medio propagandístico, 8. como amuleto o como parte de rituales esotéricos y 9. como medio para atemorizar a la población y exigir el pago de extorsión a comerciantes y finqueros.
Entre los hallazgos principales se resaltan:
- Magnitud del daño: Estima que más de 100,000 animales han sido afectados, muertos o resultado heridos.
- Impacto en la biodiversidad: Identifica 44 especies en estado crítico de amenaza debido a las dinámicas de la guerra.
- Vínculo con economías ilícitas: Revela una conexión directa entre las hostilidades y la expansión del narcotráfico, la minería ilegal, la deforestación y el tráfico de vida silvestre.
- Daño ecosistémico: Plantea que el daño a los animales es inseparable de la destrucción medioambiental y la perturbación social de los territorios.
Conclusiones
La guerra en Colombia ha sido (y sigue siendo) un fenómeno «biocida» que ha afectado el tejido mismo de la vida en el territorio, siendo imposible desvincular el daño social, el daño animal y el daño ambiental.
Las negociaciones de La Habana, fueron una oportunidad para que diversos sectores sociales, entre ellos el animalismo, participaran con propuestas en las negociaciones y renegociación de los acuerdos, así como en la implementación posconflicto de los mismos en los territorios.
El animalismo quiso introducir ante los equipos negociadores su postura de que la construcción de la paz, debe incluir cambios amplios en la forma en que son concebidos y tratados los demás animales y que conlleva a una idea de una paz integral, que puede ser posible en un país que se encamine en acciones reales (legislativas, pedagógicas, culturales, bioéticas y políticas) por la eliminación progresiva de la explotación animal.
La integración de las voces del activismo político, la fundamentación académica y el reciente reconocimiento institucional, permite observar cómo la «cuestión animal» ha pasado de ser una demanda periférica a convertirse en un pilar técnico y jurídico para la paz en Colombia.
El informe de la JEP concuerda con los planteamientos animalistas en un consenso ético sobre:
- Invisibilidad como segunda violencia: La exclusión de los animales de los acuerdos de La Habana, en la narrativa oficial del conflicto y en los procesos de justicia transicional, constituye una omisión grave que debe ser reparada.
- Reconocimiento de los animales como víctimas: Los animales son víctimas directas, sistemáticas y no voluntarias, entre otras como elementos e instrumentos de la guerra, que han sufrido el rigor de la guerra en sus cuerpos y territorios.
- La reparación debe ser territorial y legal: No basta con reconocer a los animales como víctimas en el papel; la reparación real exige la creación de espacios físicos (territorios de paz para los animales) y protocolos de atención veterinaria y protección legal.
- Paz Integral: Una paz que solo beneficie a los humanos es incompleta, excluyente y perpetúa la lógica de dominación que dio origen al conflicto.
- Construcción de la verdad y memoria histórica de los animales en el conflicto armado: Se exige que se documente qué pasó con los animales no humanos, cómo los usaron, tomaron, afectaron, desplazaron, mataron y/o torturaron, como requisito para una reconciliación social profunda.
Por otro lado, se encuentran las otras demandas y propuestas, derivadas de los comunicados animalistas y las propuestas académicas, convergiendo en:
- Reconocimiento de los animales como fines en sí mismos, seres sintientes – conscientes y con intereses y, por lo tanto, parte de la comunidad moral y de derechos.
- Establecimiento de medidas para la garantía de no repetición para los animales como víctimas del conflicto y exclusión total de la guerra (como instrumentos de guerra, bélicos o en cualquier tipo de operativo de carácter militar o policivo, por un ente armado o con fines violentos).
- Restauración y/o protección de los ecosistemas afectados por el conflicto armado, así como de los territorios despejados, declarando donde sea lugar, territorios de paz libres de humanos para los animales.
- Incorporación de formación y sensibilización sobre los derechos animales entre los actores del conflicto armado y los humanos víctimas de este (Con apoyo de las organizaciones animalistas).
- Construcción e implementación de alternativas productivas para la reincorporación de ex combatientes que no impliquen el uso de animales.
- Reconocimiento de la necesidad de la construcción de una paz integral e inclusiva, que supere modelos sociales excluyentes de dominio y explotación de humanos, animales de otras especies y de la naturaleza, que involucre a todos los seres vivos sintientes, una paz no especista.
Existe un amplio marco de avance legislativo, como las Sentencias de la Corte Constitucional (C-644 de 2017 y SU-016 de 2020, reconocen el valor intrínseco de la naturaleza y a los animales como seres sintientes) y la C-666 de 2010, el fallo del Consejo de Estado de 2012 (reconoce a los animales como titulares de derechos), la Ley 1774 de 2016 (declaración de los animales como seres sintientes y maltrato animal como delito penal), la Ley 2318 de 2023 (prohíbe el uso de animales para disuadir manifestaciones, motines y asonadas) y la Ley 2455 de 2025 (ordena diseñar protocolos para la atención de animales afectados por el conflicto), entre otros.
Construir una paz no especista es, quizás, el reto ético más grande que enfrenta la Colombia del siglo XXI, entendiendo el concepto como no estático. Como parte integral del reto, el marco legislativo, así como las demandas, propuestas y consensos institucionales, académicos y activistas, deben ser reconocidos, validados, relacionados, aplicados e incorporados, integrando un enfoque interespecie no especista, en todos los nuevos espacios de negociación con antiguos y nuevos actores armados ilegales, en nuevos acuerdos y procesos de implementación postconflicto, y en general, en todo el marco técnico y jurídico para la paz en Colombia (procesos de justicia transicional e instituciones encargadas de los mecanismos de verdad, memoria, reparación y no repetición).
Finalmente, el reto implica, además, asumir la oportunidad histórica para expandir los límites de la comunidad moral antropocéntrica, reconociendo, dignificando y respetando a los animales de otras especies como seres sintientes y conscientes, con una vida propia, con intereses y capacidades que deben ser reconocidos, protegidos y facilitados en todos los escenarios públicos (incluyendo nueva legislación y acuerdos internacionales) y privados.
Referencias
Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. [ATCCP] (2016). Firmado por Juan Manuel Santos Calderón – Presidente de la República de Colombia y Timoleón Jiménez – Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP. 24 de noviembre de 2016. Bogotá, Colombia. https://www.jep.gov.co/Documents/Acuerdo%20Final/Acuerdo%20Final%20Firmado.pdf
Crespo, C. (2016a). Por una paz no especista. Si a la paz con los animales. El periódico animalista. Colombia. https://issuu.com/animalistasporlapaz/docs/periodico_animales_ok
Crespo, C. (2016b). Territorios de paz para los animales y el ambiente. http://elturbion.com/?p=13421
Hurtado, T. (2023). Animal Victims in the Colombian War. En Nocella II, A., J. y White, R., J. (Eds.), Critical Animal Studies and Activism. International Perspectives on Total Liberation and Intersectionality. (pp. 137-150). Peter Lang Verlag. https://www.peterlang.com/document/1288792
Movimiento Animalista Colombiano (9 de Abril de 2012). Comunicado del Movimiento Animalista Colombiano a los Representantes del Gobierno Colombiano y de las Farc, de la Mesa de Negociaciones para la Paz en la Habana – Cuba. Dirgido a la Mesa de negociaciones para la Paz, Representantes del Gobierno de la República de Colombia, Representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Veedores y facilitadores internacionales). Suscrito por 32 Organizaciones.
Movimiento Animalista Colombiano (7 de agosto de 2016). Carta Animalistas por la Paz. Dirigido a Juan Manuel Santos Calderón – Presidente de la República de Colombia, a Timoleón Jiménez – Comandante de las Fuerzas Armadas y Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo y a Nicolás Rodríguez Bautista – Comandante del Ejército de Liberación Nacional. Suscrito por 19 organizaciones.
Naciones Unidas. (2023). Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2023: Edición especial Por un plan de rescate para las personas y el planeta. https://unstats.un.org/sdgs/report/2023/The-Sustainable-Development-Goals-Report-2023_Spanish.pdf
UIA – JEP (2026). Daños invisibles: la violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia (2017-2026). Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en colaboración con la Universidad de Essex. Abril de 2026. Bogotá, Colombia.
https://www.jep.gov.co/JEP/documents1/Dan%CC%83os%20invisibles.%20La%20violencia%20contra%20animales%20en%20el%20conflicto%20armado%20en%20Colombia%20.pdf
